Un riesgo adecuado


En los últimos meses hemos visto como se han realizado dos descensos con esquís que parecían imposibles: en julio fue el K2 y en octubre ha sido el Lhotse. Parece que el esquí extremo no tiene aún límites o, al menos, estos se superan temporada a temporada.

Lïneas de descenso del Lhotse y K2. (Foto: Dutch Simpson/Nico Kalisz, izquierda y Red Bull Content Pool, derecha).

Jim Morrison y Hilaree Nelson esquiaron (tramos encordados) los más de 2000 metros del corredor Lhotse, desde la cima hasta el campo 2 a 6.400 metros, en una línea que han llamado Dream Line. Por su parte, el polaco Andrzej Bargiel esquió nada menos que el K2, consiguiendo descender esquiando desde la cima (8611 m.) hasta la base de esta colosal pirámide. Descensos de más de 12 horas de continuo esfuerzo y máxima exposición, con el añadido de la hipoxia por altitud, nos hacen pensar en hasta qué punto el deporte del alpinismo o el esquí o ambos unidos son deporte, placer, sensación lúdica o sufrimiento. ¿Son masoquistas quienes realizan este tipo de hazañas? seguro que no, pero en las declaraciones posteriores todos los esquiadores coincidieron en calificar los descensos con adjetivos contradictorios u opuestos como "maravillosos", y "terribles"; "emocionantes" y "terroríficos"; "magníficos" y "horribles".

El esquí-alpinismo siempre es expuesto. debemos conocer nuestros límites. (Foto: Alberto Pantoja. revistanix.com)

¿Cómo es posible conjugar esta aparente contradicción? De una forma sencilla podemos pensar en la sensación gratificante que experimentamos cualquiera después de realizar un esfuerzo en busca de un fin y lograrlo satisfactoriamente. Un esfuerzo por pequeño que sea es eso: esfuerzo o sufrimiento en menor o mayor medida, y la satisfacción de conseguir algo gracias a él será mayor cuanto mayor sea el esfuerzo. Los humanos y animales arriesgamos en busca de una recompensa que suele ser mayor cuanto mayor sea el esfuerzo para conseguirla. Para un depredador una presa pequeña y por lo tanto fácil que cueste poco esfuerzo cazar, dará una pequeña recompensa y un pieza grande que suponga, además de esfuerzo, riesgo, proporcionará una recompensa mucho mayor, más alimento. En el deporte no se busca el alimento físico pero sí el espiritual o la satisfacción interior, la gratificación por una prueba superada, es una recompensa a veces magnífica. Además, la adrenalina segregada durante el esfuerzo, hace que esa recompensa indescriptible y sutil y que puede parecer absurda a quien lo ve desde fuera, resulte fascinante y adictiva.


En menor medida, todos experimentamos ese regusto cuando esquiamos, incluso cuando comenzamos a esquiar. Siempre, en los primeros virajes y luego, según aumentamos la dificultad de las pistas o de las palas y laderas en los fuera de pista, vamos sintiendo un placer o satisfacción que es directamente proporcional a la dificultad que hayamos superado o al riesgo y exposición que hayamos soportado y superado.