Responsabilidad


Parece que las condiciones invernales han sido madrugadoras este otoño. A finales de octubre la nieve ha caído con intensidad principalmente en las cordilleras del norte peninsular y con algo menos de precipitación en el resto de montañas, pero dejando blancos los altos antes del día de Todos los Santos y permitiendo, incluso, estrenar la temporada de esquí de montaña en muchos lugares con más o menos fortuna a la hora de rayar las suelas de los esquís.


Y con la temporada empezada y el mal tiempo presente, los rescates y los incidentes ya han comenzado y, para dar que hablar a expertos y profanos, algunos rescates han saltado a los informativos de televisión, con lo que la polémica y las opiniones de toda índole se han multiplicado. Cosa lógica y cada vez más frecuente en un mundo en el que se buscan responsabilidades y culpables por todo, incluso por las consecuencias de un temporal o por cosas que antes eran achacadas al destino, a la suerte o, simplemente, a lo que nos expone el hecho de vivir.


En el esquí de montaña tener la licencia de la Federación de Montaña es tan importante como el resto del equipo. (© Foto: E. Ribas).

Pero al margen de consideraciones filosóficas sobre el riesgo de existir, lo que sí es evidente es que en la montaña y en los deportes que se desarrollan en ella, como el esquí, la precaución debe ser preceptiva para minimizar los riesgos a los que nos exponemos y esto tiene que ver con el anterior post "Un riesgo adecuado". Es decir, debemos saber que la montaña puede ser un medio muy hostil en algunas ocasiones, por lo que habrá que extremar las precauciones a la hora de salir al monte o esquiar una determinada ladera, precauciones que implican tener técnica y conocimientos suficientes y tener pleno conocimiento de las condiciones objetivas de la montaña. O lo que es lo mismo: aplicar el sentido común, conocer nuestro nivel y adaptarnos a las circunstancias. En último término, se trata de ser responsables y ser conscientes de que la responsabilidad no sólo nos afecta a nosotros, sino que también es obligada frente a terceros. Un accidente no solo afecta a la víctima o a su grupo, sino también a todos los medios humanos y materiales necesarios para un rescate.


La responsabilidad implica adecuar nuestras actividades a las condiciones. Si hay condiciones adversas habrá que adaptarse y, por ejemplo, hacer una ruta al resguardo del bosque evitando las zonas más expuestas o una caminata por el valle en lugar de una ascensión o, incluso, quedarse en casa o al abrigo de un refugio si el tiempo es infame. Saber renunciar es una asignatura fundamental en la escuela de la montaña.


Con malas condiciones meteorológicas es necesario ser consciente y adaptar recorridos y descensos. (© Foto: E. Ribas).